1) Cuando Kate preguntó en su clase de inglés qué era lo más importante en la vida, alguien respondió que los números.
- ¿Los números? ¿Uno, dos, tres...?
- SÃ, porque todo es número: los dÃas, las horas, las distancias... Todo tiene números.
Kate se sorprendió mucho, lo pensó, lo hizo suyo y a partir de entonces contaba su descubrimiento a la menor oportunidad. Incluso tomando cañas.
2) Hubo dos veces antes de ésta en que pensé que me iba a quedar gilipollas.
La primera fue corrigiendo un libro de poemas hace muchos años por estas fechas. Recuerdo el abrasador calor de julio, la persiana bajada, la máquina de escribir eléctrica y los libros encima de la mesa para desintoxicar mi mente de aquel festival de analfabetismo. Los primeros dÃas los pasé descifrando el original; tardé lo mÃo en comprender lo suyo: que sus hubas eran mis uvas. Lo peor de todo quizá fue que me encargara escribir el prólogo; miento muy mal. Asà que no mentÃ. Dejé un mensaje abierto al sagaz lector, firmé con iniciales, cobré una miseria y no acudà a la presentación del libro.
La segunda fue en el lugar que injustamente (porque no conocÃa mi trabajo actual) llamé el Algodonal, donde estuve casi 30 meses completamente alienada pasando por diferentes horarios, sin un solo fin de semana ni festivo libre y llegando a los 600 euros (pesetas entonces) porque doblaba jornada más de un dÃa (y de dos, y de tres, y de cuatro, y de...) y porque los dÃas libres, dos en semana, trabajaba fuera convirtiendo en orden el caos de una casa que no era la mÃa.
Mis jefes de entonces nunca me estarán lo suficientemente agradecidos por la renovación de plantilla que supuso mi marcha. Muchos me siguieron. Algunos jefes también. Y a todos nos fue mucho mejor.
Esta vez sé que no me voy a quedar gilipollas porque, afortunadamente, sólo estaré 4 meses más leyendo frases y secuencias de números sin sentido en el Algodonal de la Corrección. Todo un alivio por cuestión de número.
3) 0'60 euros netos más a la hora fue lo que me prometieron el primer dÃa en el Algodonal de la Corrección. La realidad son 0'58 euros brutos más a la hora que ya están firmados en un nuevo contrato. Con lo que se ahorran ratoneando sueldos, material de oficina (inexistente, salvo las mesas, sillas y ordenadores) y tiempo, seguro que este año les salen las cuentas redondas.
4) Abdelmullah siempre me decÃa en su escueto castellano que amigos hay pocos, aunque sà muchos conocidos; que los amigos, para serlo, han de demostrarlo; que el tiempo por sà solo no es garantÃa de amistad y que es necesario poner a prueba a los amigos para ver si en verdad lo son. Sobre este último punto, el bueno del Mullah decÃa que no es necesario que les pongas a prueba tú: la vida misma se encarga de hacerlo por ti. Sólo hay que saber verlo. Como todo.
4 paradas de metro de distancia. 8 meses intercambiando correos electrónicos y llamadas desde la última vez que nos vimos. Y "mogollón de ganas de quedar". El otro dÃa Ãbamos al mismo lugar, aunque acudimos allà cada una por su lado con la promesa de darnos un toque con el móvil y de vernos un rato y tomar un café y charlar y ese tipo de cosas que se suelen decir. Terminaba de comer en un sitio que estaba cruzando la calle cuando sonó el móvil, yo le dije dónde estaba y ella me contó a dónde se iba a ir. Le pregunté si no nos Ãbamos a ver ni un minuto, y me respondió que no, que se iba a comer a otro sitio. ¿Ni siquiera 1 minuto? No.
Aquà es donde las matemáticas no fallan. Ni el Mullah tampoco.
5) Cuando entrenaba en el equipo de atletismo recorrÃamos 40 km a la semana. Ahora son algo más de 80 km. Doble de edad, doble de kilómetros. No va a haber quien me alcance.
6) El tiempo es un bien precioso que se mide en números y lo mejor de él es que es el mismo para todos, aunque cada uno puede emplearlo como quiera.
Por convención, medimos el tiempo en segundos, minutos, horas, semanas, meses y años.
Por convicción, trato de exprimir el tiempo al máximo. Todo porque un dÃa comprendà que los años son el resultado de muchos dÃas y que cada uno es importante.
7) Todos los dÃas llevo mis rotuladores al trabajo para poner un poco de color en ese cementerio de palabras. Y funciona. Ya he pasado cuatro semanas en ese lugar. Siete dÃas son un semana. Y aquà va otra. Como todas, viene en blanco. Pero siempre se le puede dar color: