Éste es el día en el que, sin más pretextos, los líderes europeos se ven forzados a reconsiderar qué Europa quieren y cómo quieren llegar a ella.
Bajo el No irlandés subyace un problema más grave que la propia noticia, la profunda crisis de identidad ideológica que todo el espectro político europeo vive desde finales de los noventa; palpable en estados como Francia, Italia, Alemania, Reino Unido...
Concretamente en la izquierda, la socialdemocracia de Schröder y el New Labour de Blair nos han derivado a una simple política de gestión y de formas, que no es más que una deriva hacia el socioliberalismo.
Hoy, España, es el único estado de la Unión en el que triunfa el socialismo, y lo hace sin complejos. El socialismo de Zapatero no es una nueva fórmula política descafeinada, no dista apenas del socialismo de Mitterrand, de González, o de Pertini; indispensables para desarrollar la construcción de la Unión Europea de hoy.
Es hora decir SÍ a un replanteamiento profundo de lo que queremos y lo que tenemos. No podemos aspirar a tener una Europa a 27, con tan graves diferencias sociales, económicas y culturales funcionando a pleno rendimiento, si obligamos a todos a ir a la par.
Si me permitís la licencia, tenemos una Europa con más velocidades que el coche de Hamilton -o de Alonso, como prefiráis-. Si seguimos engrasando nuestra caja de cambios con Tratados uniformistas, aplicando un modelo diseñado para funcionar con la mitad de potencia que la actual, tan sólo podremos engranar la marcha atrás. Si queremos tomar velocidad, tendremos, por mucho que nos pese, que dejar que en ésta caja cada marcha funcione a su velocidad óptima.