Cuando conocí Street View, el invento de Google para pasear por ciudades desde casa, me dediqué a recorrer Las Vegas, Nueva Orleans y San Francisco; por aquellas calles, esos edificios que extrañan la vista de quien no va más allá de lo permite la red de metro y de cercanías de Madrid, me iba cruzando con gente de cuando en cuando y pensaba en ellos y en sus vidas y en lo que irían a hacer; pensaba que estarían contentos, seguramente, por salir en Street View, pero al tiempo me enteré de que algunos habían sido "pillados" al salir de un lugar "comprometedor" (tipo sexshop y similares) y de que no estaban contentos. Seguramente lo estarían si no les hubiesen pillado saliendo del puti, por ejemplo. O morreándose con la vecina. Pero la vida es así.
Seguí pensando que nunca le estaré lo suficientemente agradecida al Sr. Google por sus servicios y que sería fantástico que estuviesen disponibles más ciudades y que ¡claro que me encantaría salir en Street View!
A mediados de mayo me encontré al cochecito de Google con sus cámaras. Afortunadamente no me estaba morreando con nadie, ni salía de un sexshop, ni tampoco de un puticlub. Y tampoco se ve adónde iba :-)
Luego pasó aquello de que si las caras se ven con demasiada nitidez, que si las difuminamos porque la gente se nos queja; el caso es que ya estamos en Street View, y gracias a la generosidad de Fortuna y del Sr. Google, yo también, de espaldas, con una chaqueta verde.
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