Después del acuerdo llegado para sanear bancos en EEUU y en Europa, nos llega la cumbre del G-20 para rediseñar el sistema financiero de los próximos cincuenta años. Al modo del Bretton Woods del siglo XXI, el summit de noviembre pretende evitar en el futuro una crisis financiera como la actual. No lo conseguirá, porque los banqueros volverán a diseñar productos y derivados que dentro de unos 15 años nos volverán a llevar a una situación como la actual, o peor.
Lo que ocurre ahora, ya lo he dicho en otra ocasión, no es sino la continuación de los instrumentos diseñados en los 80s. Si ahora los derivados financieros son considerablemente más sofisticados que los junk bonds ideados por Michael Milken en Drexell, lo que nos espera en la próxima década dejará a las hipotecas subprime y sus coberturas como un juego de niños. Espero que este blog siga abierto entonces, para sacar a colación este post y el anterior y demostrar que "ya lo dije" (una frase que odio, aunque tenga razón).
Al grito de "greed is good", Milken, Boesky, Levine y otros ladrones de cuello blanco arruinaron a millones de ahorradores que habían acudido a las altas rentabilidades de sus productos. El crash del 87 fue totalmente comparable al actual, si no fue mayor. Una diferencia: los mercados globalizados hacen que el contagio sea inmediato y a nivel mundial. Si hubiera una bolsa de valores en Marte, los marcianos también estarían arruinados por las hipotecas subprime sobre sus cráteres (aunque las constructoras españolas ya llevarían años construyendo apartamentos en Marte y en otros lugares de la galaxia). En resumen, lo de los 80s no fue peor ni mejor que esto, simplemente tocaba entonces y toca ahora. Y tocará otra vez en quince o veinte años.
Nuestro líder cósmico Zetapé, mientras tanto, se desvive por estar en la reunión del mes que viene. Quiere salir en la foto y está viajando esta semana más que en los últimos cinco años. Es patético el empeño de nuestro líder por hacerse una foto con los amigos ricos y con algunos pobres que acudirán a EEUU.
España, la octava economía del mundo no va a estar presente en la conferencia, y no va a estar por la misma razón que no se estuvo en la "minicumbre" de enero: Porque Zetapé no pinta nada en la escena internacional. Y no pinta por su maldita culpa.
Años de tocar los cojones a EEUU, a Francia, a Alemania, a Italia... a todo el mundo-mundial. Y los últimos días no han ayudado, insistiendo una y otra vez en que la culpa de todo es de los americanos, y que aquí estamos nosotros para salvar al mundo. Ayer el inefable Pepiño Blanco, mientras descansaba de vomitar del asco que le da el Real Madrid, hizo un servicio impagable a España insitiendo en que Zetapé tiene que esar en la reunión porque la culpa es de EEUU. Así, haciendo amigos de última hora. A nivel de comunidad de vecinos, no es probable que el del 5º B nos invite a su fiesta si recordamos en cada junta de vecinos que el susodicho vecino saca la basura a horas inadecuadas, y además le roba al del ático la revista de coches que cada mes recibe en el buzón.
Ahora, Zetapé acaba de acudir, deprisa y corriendo, a la Cumbre UE-Asia, para recoger (más bien para mendigar) apoyos a su presencia. Pero la clave es ¿qué demonios aporta Zetapé a la reunión? Absolutamente nada. De hecho, si no estuviera pidiendo ir a EEUU, ni siquiera se hubiera dejado caer por la Cumbre, en la que habrá varios líderes europeos. Y es que la política exterior de Zetapé es tan patética que sólo es comparable a su no menos patética política interior. Así que ¿Qué interés pueden tener Gordon Brown, Nicolas Sarkozy, Silvio Berlusconi (otro para darle de collejas y no parar) y Angela Merkel en la presencia de Zetapé? ¿Cuáles son las recetas que puede aportar este indocumentado a la crisis mundial? ¿Pero es que hay crisis? ¿No es una desaceleración?
Por tamaño del PIB, por ser uno de los diez mayores emisores de inversión en el extranjero, por la fortaleza de los bancos, por la eficaz regulación del BdE... por muchas razones España tendría su sitio tranquilamente en la Cumbre de EEUU. Sin embargo, el visionario Zetapé no consideraba interesante entrar en el G8. Nuestro Líder considera más interesante hablar con líderes bananeros como Chávez, Kirschner, Evo Morales, Correa o Castro, que hacerlo con los líderes mundiales. De hecho, el Presidente de España debería ser uno de esos líderes mundiales, como lo fue Aznar hace no tanto tiempo. Aznar o González, como hombres de Estado, no hubieran tenido problema alguno en ser de los primeros invitados.
Ahora la impresión aunque consiga acudir, es la de ser el tipo ese al que se invita por compromiso a una boda. Ya saben, esa tía segunda coñazo a la que se invita, pero se la sienta lejos de la mesa principal, en la mesa de los niños. Allí, lo único que hace es comer y meterse panecillos en el bolso, porque de lo que pasa ni se entera ni va nadie a contarselo.
O peor aún, la impresión es la del que se cuela en la fiesta. Eso es posíblemente lo más patético de todo. Me imagino a un camarero del Plaza de Nueva York que le verá y le preguntará "disculpe señor, ¿podría enseñarme su invitación?". No hay peligro, mi dominio del noruego es mejor que el inglés de Zetapé, así que se hará el despistado o acudirá Moratinos al quite.
No me invitó, pero yo fui... tras la esquina, esperé el momento, en que no me miren, y meterme dentro...