Gabriela Read/Clave Digital
DAJABÓN, República Dominicna.- Lo mismo que las abejas liban las flores de un árbol en Dajabón, pueden hacerlo unos cuantos kilómetros más allá, en el poblado de Juana Méndez, Haití. Marcadas diferencias caracterizan a ambas comunidades y de eso pueden dar fe los mismos apicultores. Estos insectos, sin embargo, parecen reparar muy poco en ello, por lo que los productores de miel de ambos lados, a través de sus cooperativas, han decidido tenderse la mano.
"Las abejas no conocen de fronteras", asegura Luis Domínguez, un apicultor de la asociación "La Fronteriza", de Dajabón, refiriéndose a retos como el control de las plagas que pudieran afectar a los apiarios de aquí y de allá. En Juana Méndez, Borgela Delius, expresa exactamente lo mismo, pero le da otra connotación cuando añade: "Queremos que la ayuda tampoco conozca de fronteras". Reunidos en lo que parece ser un improvisado aserradero, con madera de árboles de mango alrededor, productores dominicanos y haitianos asienten ante la afirmación de Delius.
La foresta es, precisamente, una de las principales preocupaciones de los productores de miel de la zona fronteriza, y en particular para los apicultores haitianos, quienes debido a la precaria situación de sus montes han notado cómo desciende la cantidad de miel que se produce en sus apiarios.
"Si encontráramos matas como la mielina, sería mejor", se lamenta Delius, dedicado al oficio desde hace 27 años. Sin embargo, reconoce que han dejado que sea "la naturaleza" la que resuelva la situación.
Hace dos años, el Encuentro Apícola Binacional permitió a los productores de la región fronteriza conocerse entre ellos y poner en común retos y preocupaciones. Allí surgieron acuerdos de cooperación en materia de control de plagas como la barroasis, un parásito que mina la población de la colmena, y también planes para fortalecer las organizaciones locales de uno y otro lado de la región. A partir de entonces se realizaron jornadas de saneamiento y capacitación en materia de apicultura y se fortalecieron las organizaciones de ambos lados.
La idea surgida en ese encuentro fue crear una región de producción apícola binacional, con la idea de que, tras mejorar la calidad y la cantidad de miel producida en Juana Méndez, podría venderse el dulce a los apicultores dominicanos, quienes ya cuentan con mercados locales sólidos y, próximamente, también internacionales, según explica Cesáreo Guillermo, de la Fundación Panamericana de Desarrollo (PADF), una de las organizaciones que a través de su proyecto Fwontye Nou-Nuestra Frontera, facilitó la reunión. "Se está consolidando un modelo de este lado para luego aplicarlo en el lado haitiano", añade.
300
Toneladas de miel es la producción anual en la región Noroeste. Se están haciendo contactos en Estados Unidos para la exportación del dulce, para lo cual se incrementaría la producción a 1,000 toneladas. Según Cesáreo Guillermo, ya se han hecho estudios de mercado para esos fines.
Los logros del modelo que se pretende instituir ya comienzan a rendir frutos que los apicultores dajaboneros muestran con bastante orgullo. El paso de las colmenas rústicas, hechas en troncos abandonados, a cajas de abejas fabricadas con un tamaño estándar, la experimentación con nuevas técnicas de producción, el mejoramiento de la calidad de las abejas reinas, así como explorar otros subproductos de los apiarios como la recolección de polen y jalea real son algunos de los resultados que han incidido positivamente en un oficio que la mayoría de ellos practica desde hace varias décadas.
Hasta el momento, la ayuda recibida por los productores haitianos se limita al control de la plaga de la barroa. La Cooperativa "Salvador Ferrer", que reúne a las distintas asociaciones de Dajabón, Santiago Rodríguez y Montecristi, ha hecho gestiones para que el medicamento que lo controla llegue a Juana Méndez desde este lado de la isla. Los apicultores haitianos ya recibieron alrededor de 4 mil raciones. La razón es sencilla: la compra de ese producto en Puerto Príncipe les resulta mucho más costosa e incluso más lejana en términos territoriales.
Los haitianos también han recibido asistencia técnica de veterinarios dominicanos que han cruzado de aquel lado a dar entrenamientos en el tema.
"Tenemos más facilidades aquí, a través de la cooperativa. Si no cooperamos con ellos, va a ser un dolor de cabeza controlar la enfermedad de este lado. No hacemos nada con controlar aquí y allá no", explica Domínguez.
La Cooperativa de Apicultores de Juana Méndez tiene mucho más tiempo que la dominicana, surgida hace apenas dos años. La asociación de los haitianos nació en 1965, sin embargo, fue debilitándose a lo largo de los años. Ahora, con 60 miembros inscritos, y sólo 35 de ellos activos, intenta operar cambios en sus prácticas apiarias. La modernización, es uno de sus principales retos. Necesitan asistencia.
"Necesitamos apoyo para producir miel", expresa Bienaime Joseph, vicepresidente. "Hace mucho que no hemos recibido el apoyo estatal haitiano, pero si los dominicanos quieren apoyarnos, bienvenidos". Sus limitaciones son visiblemente apreciables. Cuando Delius muestra las condiciones en que se encuentra su apiario, con cajas deterioradas por el tiempo, la carcoma y las lluvias, puede entenderse por qué la producción de todos ellos apenas alcanza los 50 tanques al año. Un contraste muy grande con la producción de uno solo de los apicultores de "La Fronteriza", Santiago de la Rosa, quien alcanza los 30 tanques en el mismo período.
En relación al tema de la foresta, los apicultores de "La Fronteriza" dicen tener pendiente una reunión con los haitianos, en la que se planteará facilitarles el acceso a árboles mielíferos que se cultivan en distintos viveros de Dajabón, donde cuentan con más de 60 mil plantas.
Parte de las prácticas de los productores dominicanos es la siembra de este tipo de árboles alrededor de sus apiarios, para fomentar la producción del dulce a lo largo del año. Si la cooperativa lleva estos árboles, cada vez más escasos en el territorio haitiano, a la cooperativa de Juana Méndez, su producción de miel también se incrementará.
Otras ayudas, que vendrán con el tiempo, se refieren a la venta, de cooperativa a cooperativa y bajo precios razonables, de las cajas para las colmenas y de otros implementos apícolas.
Así, como una mano dulce y generosa que se extiende hacia el otro, los apicultores dominicanos redescubren verdades acerca de la solidaridad. Y una de ellas es que puede rendir sus frutos. Si, como plantea Cesáreo Guillermo, la producción de miel del lado haitiano se incrementa, el país sería su principal mercado.
Desde aquí se alcanzarían otros mercados internacionales donde el dulce es altamente apreciado, más allá de las cualidades medicinales que se le reconocen, y los productores de ambos lados encontrarían mayores beneficios al oficio que les ha ocupado desde hace décadas. Tan laboriosos como sus abejas, los apicultores de la línea fronteriza trabajan en la construcción de puentes de cooperación que hagan posible la mejoría de su vecino.
Una región muy dulce
Por sus condiciones climáticas y agroforestales, la línea fronteriza cuenta con un gran potencial para la producción de miel, el cual ha sido aprovechado por sus habitantes desde hace más de 30 años. Un premio, otorgado en Francia en 1938 a un apicultor de origen español radicado en la zona, terminó por impulsar lo que hoy ya es una tradición. La cooperativa que reúne a más de 174 apicultores de Montecristi, Dajabón y Santiago Rodríguez lleva su nombre, "Santiago Ferrer".
Según un informe del Centro de Desarrollo Agropecuario y Forestal, un censo hecho en 1987 arrojó que el 15% de la producción nacional del dulce, así como el 15% de todas las colmenas existentes en el país se concentraba en esas provincias. Al mismo tiempo, la región tiene el mayor número de personas que tienen a la apicultura como su principal labor de sustento económico.
En los últimos tiempos, la inestabilidad del clima y el avance de la deforestación se levantan como los principales retos para los apicultores de la frontera. Labores de reforestación y la implementación de equipos y nuevas tecnologías son algunas de las opciones a las que recurren los productores de miel de la zona.