Los japoneses sienten un profundo amor y respeto por la naturaleza, algo que se proyecta claramente en su arte y de una forma especialmente peculiar en los géneros desarrollados dentro del mismo. Así, y junto al Ikebana por ejemplo, que en Occidente tan sólo entenderíamos como un mero ejercicio destinado al arreglo floral, podemos encontrar una manifestación tan curiosa como la del Arte del Suiseki, o, lo que es lo mismo, el arte de disponer en atención a su espíritu interno aquellas piedras que destacan por su forma o belleza.
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Piedras, de Jorge Martín Ulloa
Artelista