Recuerdos de Viaje - 17-07-08 22:18
Los Aviones


En unos días más, llegaré a tener un millón de millas acumuladas con American Airlines. No llevo la hazaña como una escarapela en la solapa, ya que si bien he disfrutado de algunos, los kilómetros en el aire son seguramente culpables de alguna de mis (dos) arrugas. Y de mis canas verdes.

Con todas esas horas de vuelo, aún sigo pensando que a los aviones hay que tenerles mucho cuidado. No sólo porque son cuatro latas pegadas y suspendidas en el aire mediante Magia, sino porque sus reglas me parecen, usualmente, incomprensibles.

Hace tiempo, las aerolíneas instruían a las azafatas, para que, con sus sonrisas acartonadas, nos indicaran, antes de despegar, dónde estaban las salidas de emergencia, los cinturones de seguridad y los chalecos salvavidas. Ahora, nos ponen un video. Supongo que así como nos dejaron de dar platos comestibles o auriculares gratis, nos recortaron a alguna señorita a bordo. Después de haber escuchado varias versiones de videos similares unas cuantas veces, sigo sin saber dónde diablos están los salvavidas. Mientras el avión carretea por la pista y la mayoría de los pasajeros están distraídos mirando por la ventanilla o durmiendo, yo busco siempre, desesperada, la única probabilidad de sobrevivir a un potencial naufragio en esa lata de sardinas. Escucho la voz melosa que repite, en inglés y español, algo como "su chaleco salvavidas puede encontrarse debajo de su asiento o entre medio de sus asientos", "en algunos casos, el mismo asiento puede ser utilizado como elemento flotador". ¿Qué significa que el chaleco "puede" encontrarse? ¿No saben donde está? Si esperan que vayamos descartando opciones, mientras el avión va descendiendo ágilmente hacia el océano, me parece una versión un tanto cruel de la búsqueda del tesoro. Si está entre medio de los asientos, ¿cómo sé cual es el mío y cuál el de mi vecino? Que los asientos floten, no resuelve ningún problema; excepto, quizá, el del propietario de la aeronave, que no se ve obligado a comprar asientos nuevos aunque el avión se hunda.

Luego está la lista interminable de cosas que NO se pueden hacer a bordo. Fumar, hablar por celular, estirar las piernas, usar artículos electrónicos durante el despegue, evitar los codazos del vecino. Creo que en la última revisión del listado, sólo quedaron: dormir con la boca cerrada y masticar chicle sin hacer globitos. Ir al baño está, por el momento, también permitido, siempre y cuando una siga las instrucciones de los múltiples carteles que adornan sus paredes. Nada extraordinario; en su conjunto, conforman una simple guía de cómo realizar una actividad concreta en un espacio de cincuenta centímetros cuadrados, con bacterias al acecho desde las cuatro esquinas. Siempre evito visitar el baño, mientras el cuerpo lo permite; pero cuando lo hago, invariablemente se enciende un cartel luminoso que me dice "Regrese a Su Asiento". Oiga, Don Capitán, ¿usted cree que estoy aquí disfrutando del paisaje?

La próxima vez que me suba a un avión, mejor me duermo antes de despegar. Y me llevo mi propio chaleco salvavidas.



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